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Aquest mes llegim a … Carlos Zanón

7 abril 2025 Un Comentari

El dimarts 8 d’abril a les 18:30 tindrà lloc una nova sessió del Club de lectura de Novel·la Barcelonina, en la qual comentarem de la mà de Mario Catelli el llibre “Tarde, mal y nunca” de Carlos Zanón.

Carlos Zanón és un poeta, novel·lista, guionista i articulista nascut a Barcelona l’any 1966. És llicenciat en Dret. Ha escrit poesia, va ser guionista de curtmetratges, ha col·laborat amb el teatre i ha estat articulista i crític de diferents mitjans de comunicació. Va ser lletrista i component del grup “Alicia golpea” i ha publicat llibres sobre musics. Ha conreat la novel·la negra i ha rebut varis premis entre els quals cal destacar el premi Hammet 2015 per la seva novel·la “Yo fuí Johnny Thunders”. A més, és comissari del festival BCnegra des del 2017.

“Tarde, mal y nunca” va guanyar el premi Brigada 21 a la Millor Primera Novel·la Negra i va ser finalista del Memorial Silverio Cañada. La novel·la comença quan Epi mata a Tanveer Hussein a un bar, per gelosia, ja que li ha aixecat la novia Tiffany Brissette i fuig corrent. El germà d’ Epi Alex,vol donar-li la culpa de l’assassinat a un pakistani que estava al bar i vol trobar Epi per tal que la versió que contin a la policia coincideixi. Entre mig d’aquests fets, la novel·la ens narra les circumstàncies vitals dels protagonistes.

Com sempre, us desitgem una feliç lectura!

 

 

One Comment »

  • Santi said:

    Zanón no ha vuelto a saber de Biscuter y Carvalho. Ha recibido mensajes de Duluc. Uno escrito en la pared de un váter, en la última gasolinera de la autopista. El lugar, la fecha y la hora de contacto con el helicóptero. Faltan cuarenta y cinco minutos. Si todo va bien conocerá en persona a Bouvard y Pecuchet, a Pepe y a Pep. La intermediación de Duluc le agobia. El francés tiene dotes de embaucador, parla de vendedor y artimañas de trampero. Andreu Martín con las gafas en la punta de la nariz, pasea la mirada por el Dindurra tomando apuntes del natural. Todo menos natural le pareció oír canturrear al camarero “A las barricadas”. Se fijó. Lo había visto antes, en Barcelona. Se dirigió a él.

    —Perdone…¿Nos conocemos?

    —No, señor Martín. Mire la palma de mi mano. Cuando la cierre olvidará este encuentro. Nada habrá ocurrido.

    —¡El encantador del Paralelo! ¿Cómo te va?

    —Dejé el mundo del arte. Me he pasado a la restauración. Ahora hago cócteles. Acabo de servirle uno a Pepe Carvalho.

    —No fotis.

    —Vodka con helado de limón y cava. Y al Biscuter un orujo de hierbas con gotas de café y regaliz de palo. Acaban de salir por la puerta.

    —…Lo normal.

    —Normal tampoco. Es la primera vez que vienen. ¿Quiere algo? El señor Duluc insistió en que no les faltara de nada.

    —¿Estás oyendo Carlitos?

    Carlitos oía y bebía en silencio. Asintió. Miró al móvil. El helicóptero espera en el puerto del Musel. El azafato, a pie del aparato, sostiene una bandeja con oricios y champán. Duluc consulta su reloj. El tiempo es agradable, no hay viento. Desde la sala central de la policía se observan las operaciones. Una empresa de turismo es la propietaria del vehículo. Las cámaras registran la entrada en el recinto portuario de Carlos Zanón, la recepción de Duluc, el brindis previo al abordaje y el despegue remolón con destino sureste. Duluc eleva la voz sobre el ruido del motor.

    —Nos dirigimos al parque naturelle de Las Ubiñas. En veinte minutos arribaremos a la base secreta de Catering Plegamans SA, la empresa de eventos gastronómicos líder en el mercado mundial. Importamos productos de la mejor calité y hacemos la mejor sopa du monde.

    —Qué emocionante.

    —No es una sopa cualquiera cher amí. Con una cucharada generosa de notre consomé…lo verá usted mismo.

    El suelo se acerca al ingenio volador. Carlos Zanón escucha como se aleja de su imaginación una voz aguardentosa y el contrabajo que la acompaña. El impresionante paisaje del macizo montañoso lo reactiva. Rodeado de azul, verde y gris, una tufarada le alarma. A dos mil quinientos metros de altura, entre hayas, fresnos y tejos, no debería oler a ajo. El helicóptero desaparece de vuelta y reina el silencio montuno hasta que lo rompe Duluc, frente a una bocamina abandonada. Tres mastines en posición, con el pelo del lomo erizado, vigilan los movimientos.

    —Pasa por favor. Par icí.

    Al dar el primer paso en el interior se ilumina una galería estrecha que conduce a una puerta metálica. Un ascensor. Duluc enciende un liado y el olor del hachís se mezcla con el ajo. El descenso dura casi un minuto.

    —Me estoy mareando. Tengo los oídos taponados. Aquí hace frío. Me meo.

    Al salir del montacargas hay cajas amontonadas a los lados de un pasillo. Carcasas de pollo, bacalao seco, verduras, caracoles, frutas, longanizas y costillares. Media docena de mujeres y hombres se afanan en colocar y seleccionar. La cavidad se ensancha desmesuradamente al cruzar la portilla y una potente luz artificial ciega al escritor.

    —Joder, qué escenografía. ¿Hacen la sopa con uranio enriquecido? ¿El servicio?

    —Silence. Los ingredientes son secretos. No debe robar el conocimiento a los dioses. Miré aquí. En esta sección resucitamos bacalaos. El bacalao es la clave de todo. Un bacalao seco perfectamente simetrique es…

    —Cállese Duluc. Carlos no ha venido para conocer los misterios de los peces migratorios.

    Es ella. Sentada en un sillón flotante, iluminada por una luz cenital, ríe Maruja Torre. A su lado Paco Taibo fuma, bebe coca-cola y se atusa el bigote.

    —Ha llegado el momento. Cuando aceptaste escribir la novela de Carvalho se produjo una alteración en el espacio tiempo. Una brecha peligrosa.

    Bajo los pies de Carlos Zanón se abrió una trampilla. Aterrizó con una elegante costalada en una pequeña cámara azulejada de dos metros de alto. A su lado bostezaba un león famélico.

    —No te preocupes todavía, querido. El Rey acaba de comer. ¿Te gustan los documentales?

    —Maruja…me he hecho daño, joder. Creo que me he roto algo.

    —Paco te dará los ingredientes. Tienes quince minutos para hacer un bacalao al ajo arriero. Esmérate. Si fracasas serás liofilizado, envasado al vacío y almacenado en el Arcón. Si superas la prueba formarás parte de la fraternidad universal patrocinada por SP, Sopas Plegamans.

    La sonrisita de Paco Taibo auguraba un juicio severo. Hizo descender una cuerda con un hatillo envuelto en un pañuelo de fer farcells. El león se acercó a olfatear.

    —Si quemas el ajo el Rey se enfadará. Si quemas el pimentón…Te quedan catorce minutos.

    —Pero es que me estoy…

    —Utiliza la arena del Rey.

    En una esquina del habitáculo un hornillo de gas, una sartén, una espumadera, una tabla, un cuchillo, dos platos, cuchara y tenedor. El Rey mira alternativamente al presunto cocinero y a las herramientas de trabajo sacudiendo moscas con el rabo. Zanón desata el paquete y saca un botellín de aceite de oliva de Jaén. Enciende el fuego con cierta parsimonia y lo vierte en la sartén. Machaca cuatro dientes de ajo con un golpe de mano certero, los pela, los corta y los echa en el aceite caliente. Espera a que se doren removiendo con la espumadera. Cuando ve los trocitos amarillear prepara media cucharada de pimentón. Elige el momento preciso atendiendo a la tonalidad del ajo, vuelca el pimentón, lo extiende rápidamente por la sartén y añade un chorro de vinagre. Coloca las piezas de lomo de bacalao sobre el sofrito, con la piel hacia arriba, y baja el fuego al mínimo. Menea ligeramente la sartén para que no se pegue el bacalao y a los tres minutos da la vuelta a las piezas. tres minutos más y listo. El león se acerca. Taibo pregunta.

    —¿Guarnición?

    —Patatas fritas.

    —Un derroche de imaginación. La elaboración ha sido algo tosca. Deja un plato sobre esa bandeja, vamos a probarlo. El otro sírveselo al Rey, él juzgará.

    El rey se relame antes de probar pasándose la enorme lengua por la cara. Acerca el hocico, sopla. Maruja y Taibo deliberan con una pinchadita y un pedazo de pan. El mexicano enseña un pulgar hacia abajo, ha olvidado la sal. Maruja empata. El rey mastica despacio, se sienta y eructa. Duluc arroja una escalera de cuerda.

    https://todoloquesesobrepepecarvalho.blogspot.com/

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